Areas de intervención
Los trastornos de la conducta alimentaria abarcan alteraciones graves en la relación con la comida, el cuerpo y el control emocional. Están marcados por la necesidad de control, el perfeccionismo y el pensamiento obsesivo estructurado en torno al peso, la ingesta o la imagen corporal.
En nuestra clínica entendemos el síntoma alimentario como un parachoques o una vía de escape frente al sufrimiento psicológico. Abordamos estas problemáticas desde la raíz afectiva y traumática que las sostiene, especialmente cuando se presentan asociadas a rasgos de personalidad complejos.
Las conductas purgativas, la restricción o los cortes corporales actúan como una defensa para disipar recuerdos conflictivos, culpa o vergüenza, evitando que afloren vivencias de dolor aún mayores. Trabajaremos en cambiar la función regulatoria por otra más adaptativa.
Cuando el TCA se presenta junto a un trastorno de la personalidad, la conducta alimentaria tiende a convertirse en un mecanismo automático de afrontamiento ante el estrés. Trabajamos para desarticular esta respuesta automática y evaluar trastornos paralelos.
Lo que se inicia como un intento de controlar el peso termina convirtiéndose en una forma de construir la identidad o en una forma de anestesia emocional ante situaciones insoportables. Buscaremos una vía más funcional y adaptativa para la regulación de estas emociones, mediante una conexión sana con el cuerpo, una identidad sana y un entorno social sano.
Abordamos el TCA como una manifestación del sufrimiento en la esfera afectiva y el vínculo. Es habitual encontrar dinámicas familiares complejas en el desarrollo, marcadas por dificultades en la relación con las figuras parentales o la presencia de figuras paternas agresivas, narcisistas o periféricas.
La intervención no se limita a la conducta con la comida, sino que aborda el malestar subyacente que el síntoma intenta calmar. Mediante hipnosis, EMDR y procedimiento psicológico, desactivamos la función del síntoma y reparamos las heridas afectivas.
